Ensayo acerca de algunas cosas simples, históricas e inconexas: Eva Castañeda – Poesía en voz de sus autores.

Eva Castañeda (Ciudad de México, 1981). Autora de Nada se pierde (Vesrsodestierro, 2012), La imaginación herida (Trajín, 2018) y Decir otro lugar (Elefanta Editorial, 2020). Ha sido incluida en diversas antologías poéticas y una muestra de su trabajo creativo aparece en diversas revistas nacionales e internacionales de poesía. Algunos de sus poemas han sido traducidos al alemán, chino e inglés.

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Ensayo acerca de algunas cosas simples, históricas e inconexas

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Naufraga crucero por el caribe y de sus tripulantes nada se sabe.

Nueve mil kilómetros de calles en Nueva York se llenan de escarcha y la gente tiembla.

La gente dice ash cuando hace frío.

Te decía que estas son las noticias que más me gustan, porque de las otras ya se sabe,

todas son un rodeo para decir que el mundo permanentemente se está acabando.

Mejor dejar la mente en blanco, porque la vida y esas formas inentendibles

que tiene para derribar lo poco que nos queda. Por ejemplo:

el 2 de agosto del 2019 ningún país de habla hispana le hizo la guerra a otro país de habla hispana, pero tú y yo supimos muy adentro de nosotras que la vida se doblaría otro poco, porque al norte alguien pronunció estas palabras:

si gano devolveré a los refugiados a sus casas.

Oímos eso y otra vez la fe se nos cayó. Es que la fe siempre se nos cae. Una y otra vez contra el suelo. Nunca se rompe, yo creo que por eso se llama fe, dijiste.

Sin acento y sin fe, dijiste.

¿Qué más? ¿Los periódicos dirán algo más?

Porque si juntamos sus letras aleatorias, porque si el azar une sus palabras, un ruido saldría de ahí. Una máquina. Una noticia nueva, tal vez:

que el continente americano, que si Latinoamérica, y algo se va prendiendo.

La lumbre y el color que hace. Su destello enredándose.

Su historia que obsesivamente es la nuestra. La conquista y todos los fracasos.

Sus espejos rotos como el de tu habitación. Ese en el que cuando uno se mira se ve partida

a la mitad y entonces, algo de esa fisura recuerda tus conquistas y todos tus fracasos.

Las veces que esperaste a que la grieta por arte de magia se cerrara, así como Moisés separó las aguas del mar rojo. Así como esos cuentos en los que un milagro sucede para que

alguien se salve.

Esta ficción que se llama noticia, que se llama tú cuando te inventas todos los días.

Esa fragilidad de darle la vuelta a lo que parece inminente, a lo que se llama derrumbe o ningún golpe nos mata, pero sí nos hace más fuertes.

Eso dicen los que se saben de memoria todos los lugares comunes, y cuando los pronuncian parece que están inventando la luz.

Acuérdate, ¿dónde dejaste ese libro que decía cosas sobre la vida y sus desvaríos?

Doblaste la página 28 y dijiste: esto nos recordará siempre nuestra historia de guerra.

La que no ganamos, porque tenemos tan pocas virtudes, ¿o tú qué crees? ¿Soy la única que ve esto así? ¿La única que no le cree nada a este presidente que parece un sapo? La única que para hablar de esta pérdida también habla de la historia, que si lo piensas, es lo mismo.

El otro día cuando desperté muy temprano, pensé en todas las cosas que debemos abandonar: La penumbra. Los días en los que uno camina lenta y desgarbada.

El cochambre en los trastes y las mentiras de los políticos.

Porque de todo en este mundo salvaría sólo la ficción que somos.

También esa noticia que hablaba de un crucero que naufragó por el caribe.

¿Te acuerdas?

Luego hablaría contigo para contarte estas cosas:

así de simples, históricas e inconexas.

Eso haría.

Nada más.