Poesía Cubana. Un poema de Laura Domingo Agüero

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Laura Domingo Agüero (La Habana, 1985). Escritora, coreógrafa y realizadora audiovisual. Egresada del Instituto Superior de Arte de La Habana. Ha sido reconocida en el XV y el XXII concurso de poesía La Gaceta de Cuba, el XV Concurso Palabra Nueva, el III Premio Wolsan Cuba Poesía, la Beca Dador, el Premio J. M. Valverde que otorga la CCOO de Cataluña, entre otros. Es autora de los títulos: De invocaciones y otros límites (Proyecto Literal, México, 2014, Colección Sur Editores, Cuba, 2015, y Editorial Guantanamera, España, 2016), a través de la cual se tradujo al italiano y es distribuido en Italia por el sello Mondadori) y  País sobre las aguas (Ediciones Sed de Belleza, Cuba, 2019, Lebeg Edizioni, Italia, 2021).

Poemas suyos se han traducido al italiano, el francés, el alemán, el inglés y el turco, e integran antologías y diversas publicaciones de Cuba, Argentina, España, India, Francia, México, Chile, Italia, Colombia, EEUU y Turquía. También se desempeña en la narrativa (cuento y novela) y el guion cinematográfico. Ha montado coreografías para el Ballet Nacional de Cuba, Danza Contemporánea de Cuba y compañías danzarias de México, Colombia e Italia. Autora de varias videodanzas y del documental «Cuban Dancer» (Co-Prod. Italia-Canadá-Chile).

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Memoria

(Fragmento)

(…)

No sé si vivimos en el sueño;
pero esta es mi Raíz.

Lo saben el signo inquebrantable encima de mis ojos
y las madres que reparan objetos.

—Nárrame una historia antes de dormir.

Mi Padre disminuye la intensidad del bombillo
y entramos en el paraíso.
¿Cuál?
Todos me han hecho dichosa.
Ha sido una alegría sin fin
que penas y vanas ilusiones hayan rodado
por mi boca.

Y esta única gloria es el reflector que alumbra
las cosas que solo pueden verse
cuando la lluvia nace para bautizar los cuerpos.

Otra vez la lluvia como una liberación
del mundo efímero,
una melancolía ceremonial,
un absoluto que siembra la ruta,
un extracto de infinito que derrama cierto dios.

La lluvia que rueda por los pequeños cerros
desciende y se enrosca
en los cimientos,
y arrastra una caja de cartón.

La lluvia que borra la raya que limita,
bendice las frentes,
los sueños,
las sirenas de las ambulancias,
el pavimento,
la carencia sostenida.
Y el amor.

La lluvia sobre un año nuevo,
los perfiles,
y una mujer sentada al borde del mar
con el aire en toda la fuerza humana disminuido.

Una mujer que ve más allá de las brumas
lo que ha sido, felizmente,
con la mano sobre el corazón
del universo que vuela y se abrasa.

—Es hermoso.
Dice ella, y la lluvia se detiene.

Yo también.