Mientras dormís, yo escribo: Francisco Onieva – Poesía española contemporánea, por José Luis Morante.

Francisco Onieva (Córdoba, 1976) vive en Pozoblanco, donde es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES Antonio María Calero. Ha publicado cuatro libros de poesía: Los lugares públicos (aparecido como cuaderno en 1998, corregido en profundidad y ampliado en 2008), Perímetro de la tarde (Rialp, 2007; accésit del Adonáis), Las ventanas de invierno (La Oficina ediciones, 2013; XXI Premio de Poesía Cáceres Patrimonio de la Humanidad) y Vértices (Visor, 2016; XXVI Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma). A ellos hay que sumar los cuadernos Descuidos y omisiones (2011) y Frontera, tú (2015). Asimismo, ha coordinado los libros colectivos Palabra compartida (2007) y Divergentes (2015).

Su obra poética ha sido recogida en antologías como Los círculos del aire (2008), Entre el puente y el río (2009), Antología del beso (2009), Terreno fértil (2009), Tintas para la vida II (2010), Un rayo que no cesa (2010), El mercado de los pájaros (2011), Con&versos (2014), Bajo las raíces (2015) o Séptima antología de Adonáis (2016).

Como narrador, ha publicado dos libros de relatos: Los que miran el frío (Ediciones Espuela de Plata, 2011; Premio Andalucía de la Crítica 2012 a la Ópera Prima) y El extraño escritor y otras devastaciones (Ediciones Espuela de Plata, 2016). Algunos de sus cuentos han aparecido en las antologías Diez y cuento (2016) y Cada palabra cuenta (2017).

Además, es autor del ensayo En tierra de nadie. Antonio Rodríguez de León (2013) y de numerosos estudios sobre Cervantes, Bécquer, Unamuno, Alberti, Aleixandre, Borges, Paz, Cernuda, Duque de Rivas, Teresa de Jesús, Onetti… Ejerce la crítica literaria en Cuadernos del Sur y desde 2016 es académico correspondiente de la Real Academia de Córdoba.

_

_

_

FRENTE AL ÁRBOL

 

 Delante de la casa crece un árbol.
 Me parece el primer árbol del mundo.
 Savia, raíces, sombra, ramas y hojas
 son parte de la casa,
 igual que las palabras son parte de un zeugma.
 Definirlo es inútil,
 aunque intuyo que amar es querer ser un árbol,
 lugar de paso de los pájaros
 y de la luz,
 linde de la intemperie,
 sinergia de horizontes, suma de identidades.
 Mientras, tomo conciencia de mis grietas
 y ordeno los desvanes de los sueños
 y los recuerdos que soy.
 Y te espero sin prisas.
  
 Como el árbol y sus fisuras. 

MIENTRAS DORMÍS, YO ESCRIBO

 
 Entro en la única habitación de casa 
 en que no hay calefacción.
 Tiene las dimensiones exactas para un hombre
 con sus libros, sus miedos, sus cuadernos, sus dudas,
 sus errores, un flexo y un ordenador lento.
 Mientras dormís, la noche es hendidura,
 reverso, compañía inmóvil,
 vestíbulo del folio,
 de la caída incierta e inexcusable
 y de esta estancia en la que escribo
 sin entender por qué los pensamientos
 pasan a medias
 por delante de mí.