Un poema de Juan Manuel Labarthe

Juan Manuel Labarthe (Ciudad de México, 1974). Licenciado en literatura por la UDLA Puebla. Estudió la maestría en Letras Latinoamericanas en la UNAM. Actualmente, estudia la maestría en Literatura Aplicada en la Ibero Puebla. Ha escrito cuento, teatro, y poesía. Entre los premios obtenidos destacan el 1° lugar en el IV Concurso de Poesía de Ciencia Ficción José María Mendiola (2107); 1° lugar en el I Concurso de Poesía Hispanoamericana Rostros (2018); y la obra de teatro breve Hotel Alkar, representada en Barcelona, Lima, premiada como mejor obra de temporada en Microteatro, México (2015) y Microteatro Veracruz (2017).

Cansancio de los espejos

De niño cuando mi padre me llevaba a la peluquería, miraba fascinado dos grandes espejos confrontados
cubrían, cada uno, la mitad de una pared del local y se reflejaban uno al otro
de espejo a espejo a espejo a espejo a espejo a espejo
la silla de peluquero, el reloj de la pared, el gabinete, el calendario con la chica en traje de baño, el cuadro con la fotografía de una pagoda y una cascada, el maestro peluquero con sus tijeras en la mano y el peine en el bolsillo de su camisa blanca e impecable, yo mismo.
De espejo a espejo a espejo a espejo a espejo a espejo.
Multiplicados todos. Haciendo los objetos más pequeños hasta el infinito.
¿A quién le es dado mostrar el infinito? ¿Al filósofo?
No.
¿Al poeta?
No.
¿Al matemático?
No. Al pulidor de espejos
¿A quien le es dado contemplarlo?
Al niño.
Porque luego uno se entera que la luz se deteriora y difumina, que los objetos dentro del espejo cambian de color, que la imagen termina por ser tan pequeña que queda reducida a un tamaño atómico y ya no es más que un punto luminoso,
como una descendencia cada vez más deteriorada de consanguíneos.
Al parecer, los espejos también se cansan.