Una entrevista a Arantxa Gómez Sancho – 75 aniversario de la revista Ínsula.

ENTREVISTA A

ARANTXA GÓMEZ SANCHO

Con amplia experiencia biográfica como gestora cultural, primero en la Fundación Biblioteca de Literatura Universal y desde 2005 en la coordinación y dirección literaria de Ínsula, Arantxa Gómez Sancho mantiene sólido el puente transgeneracional de la publicación en el convulso río del presente. Hablamos con la editorasobre la inasequible senda de Ínsula que en enero de 2021 cumplía 75 años de existencia.

P.- Tantas décadas en primera línea integran sensaciones de perplejidad y asombro, ratifican también el trabajo bien hecho. ¿Qué razones cimentan ese carácter de brújula que Ínsula tiene en nuestro mapa literario?

La mítica Ínsula (1946-1986) fue una isla de libertad, de fraternidad, de reunión de  soledades patrias en unos años muy difíciles para la cultura española que no gozaba de libertad. A Ínsula arribaban gentes de muy diversa filiación cultural, para compartir su saber con los que amantes del saber. Siempre desde la mesura y la sobriedad, sin griteríos ni costra dogmática. Fue una brújula en esos años del franquismo para muchos lectores porque en ella encontraban la producción de los exiliados, de las heterodoxias del interior, de las novedades extranjeras. Fue como me decía mi maestro Claudio Guillen, “la avanzadilla de lo que hoy conocemos como la España plural.” Con Víctor García de la Concha se convirtió en una muy importante revista del Hispanismo literario, y cualquier universidad que se precie de estar al día la tiene en su biblioteca.  En esta nueva etapa, junto a un Comité que me apoya y asesora, hemos aspirado a mantener el rigor y la frescura de nuestros antecesores. Queremos llegar a los universitarios, pero también a las gentes amantes de la cultura. Todos cabemos en Ínsula.

P.- Qué claves singulares personalizan su singularidad respecto a otros proyectos editoriales.

Creo que en la pregunta anterior he dado las claves: su talante abierto y liberal, el amor a la palabra escrita, una visión de la cultura libre de mandarinatos e intocables, ecuménica, que transmita que la cultura es tan necesaria como la luz, el aire, la tierra, el agua, elementos sin los que la vida no es posible.

P.- En cada discurrir se ve reflejada una tradición, el amplio cauce en el tiempo. Para usted, que conoce tan bien el bagaje, ¿Qué entregas han sido  hitos especiales del trayecto?

Puedo hablar de mi etapa con mayor conocimiento de causa, desde 2005 hasta hoy. Para mí no hay ningún número que me haya dejado insatisfecha, con un sabor agridulce o amargo. Todos nuestros colaboradores son de primer orden, serios y comprometidos con su trabajo. También comparten conmigo la aspiración de ser una revista de alta divulgación, evitando caer en metalenguajes y cerrando Ínsula al placer de lectura y del conocimiento humanístico por parte de todos los amantes de la cultura. Me siento especialmente orgullosa del homenaje que dedicamos a José Luis Cano, El mar que guardaba la isla, en 2015. Me proporcionó muy buenos momentos porque viví en primera persona el inmenso cariño, el respeto y la admiración de tantos por la figura de José Luis Cano. Fueron unos meses mágicos. También destaco el número del 75 aniversario, Un álbum de nuestras letras, que muchos tildan de histórico. Menos mal, ha sido muy laborioso.

P.- Tantos años de labor hacen inevitable, incluso en la coherencia, la mutación y el cambio. Desde su incorporación como editora, ¿ha variado el enfoque?

Ya he adelantado que nuestra aspiración es ser una revista de alta divulgación. Sin laberintos que no alumbran, sino que oscurecen las Humanidades. Animamos a alejarse de esa figura del “erudito sin alma” de la que hablaba Pedro Salinas, o de los “eruditos vulgares y corrientes” de los que me habló Alberto Blecua en una conversación muy divertida en Barcelona. En esta nueva etapa buscamos un tono, un tono ensayístico, “anglosajón” como me dicen algunos colaboradores. Yo quiero entender lo que leo. También hemos procurado junto al Comité abordar la literatura desde muy distintas laderas; no solo autores y épocas, también géneros, temas literarios, intersección entre disciplinas (literatura y fotografía, por ejemplo), relaciones e influencias extranjeras, recuperar el legado de las mujeres escritoras, que siempre lo tuvieron peor. Como novedad junto a nuestros monográficos y misceláneos, desde el año 2007 publicamos cada primavera el Almanaque de Ínsula, que tiene muy buena aceptación, al ser brújula entre la selva de libros del año anterior. Y, por último, de una manera natural, he ido ilustrando nuestras portadas con artistas y pintores de primera fila, que la ha dado a Ínsula, por lo que me dicen, un aire fresco y distinto a la imagen de esta nueva etapa.

P.- Toda revista hilvana una dialéctica entre memoria y olvido. Se da importancia a algunos nombres, grupos, o ámbitos exploratorios y se margina otros. Hay dos itinerarios que persisten con fuerza y que me parecen logros esenciales: el legado latinoamericano y la convivencia entre las lenguas peninsulares.¿Se ha diluido el centralismo territorial que marcaban Madrid y Barcelona y el monopolio lingüístico del castellano?

Siempre pienso que al haberme criado en Cataluña y vivir en Lérida hasta mis 23 años, siendo aragonesa por los cuatro costados, ayudó a que ya ubicada en Madrid tuviera yo una especial sensibilidad hacia el pequeño, el periférico. Desde mis inicios tuve muy en cuenta incluir a las literaturas peninsulares en catalán, gallego y euskera,  realidad lingüística que asumimos con naturalidad y ofrece una riqueza indiscutible a nuestras páginas. Mi complicidad con Jon Kortazar, Jaume Pont y ahora Jaume Subirana, con Dolores Vilavedra u Olivia Rodríguez es para mí fuente de satisfacción. En Ínsula cabemos todos y pienso que desde la patria de la Letras o las Humanidades podemos entendernos, respetarnos y convivir juntos en paz. En cuanto a las letras de América, qué duda cabe que el español es una lengua viva y que vibra en dos continentes y me emociona la famosa reflexión de Rubén Darío “España, hija de Roma, hermana de Francia y madre de América Latina”. Esa grandeza que nos concedió la Historia, hay que asumirla con la humildad del que verdaderamente es grande y por ello, sumamos a Francia, enmendando a Rubén, las letras en catalán, gallego y vasco a las que consideramos asimismo hermanas.

P.- Como a otros críticos, los monográficos son las salidas que más complicidad me deparan. ¿Cómo se gesta cada monográfico?

Puede ser propuesto desde Ínsula, mayoritariamente, o que nos lo propongan. Últimamente nos llegan cada vez más propuestas y eso indica que esta nueva etapa se ha asentado y merece la confianza de nuestros lectores. Me hizo mucha ilusión cuando Francisco Rico propuso a Ínsula el monográfico De la filología a la lectura, o cuando José Carlos Mainer o Anna Caballé, que no están en nuestro Comité, aceptan colaborar en Ínsula. Una vez damos luz verde a la propuesta tras consulta al Comité y algún asesor externo, nos envía el coordinador o coordinadora un sumario con los colaboradores y temas a tratar, se vuelve a dar el visto bueno, en ocasiones con alguna sugerencia, y listo, se pone en marcha. El asesoramiento del Comité es clave. El único consejo que me dio Claudio Guillén cuando entré en Ínsula con 33 años fue: “rodéate de buenos informadores”

P.- Esta etapa de madurez ha contemplado la irrupción de lo digital, cuya competencia ha supuesto un obstáculo muy complejo en la experiencia editorial  ¿Serenidad, escepticismo, o la inevitable adaptación a los nuevos formatos?

Hay que ir a favor de la corriente, nos adaptamos, dentro de nuestras posibilidades, a los nuevos soportes. La suscripción tradicional es en papel (75 euros/ año en España) y este año, por la conmemoración del 75 aniversario, hemos lanzado una suscripción anual digital (PDF) por solo 29,90 euros al año para todo el planeta. Necesitamos que todos los amigos de Ínsula apoyen la causa, el año de la pandemia nos ha debilitado, por ello, les facilitamos con una suscripción digital temas de espacio o económicos. En http://www.insula.es pueden aportar su granito de arena para darle continuidad a la revista.

P.- En el mirador umbrío del ahora, tan marcado por la crisis sanitaria y sus abrasivas consecuencias económicas, asoma un tiempo especulativo y utilitario. ¿Escribir y publicar, después del virus?

Coincido con muchas voces que han resaltado en el año de la pandemia, sobre todo en esos tres meses largos de enclaustramiento, que la cultura es otra necesidad vital del ser humano. ¿Qué hubiéramos hecho sin lectura, ni música, ni cine, etc… en esos meses? No solo de pan vive el ser humano. Por lo tanto, tras el virus o mientras nos deshacemos de él, escribir, leer, publicar se me hace tan necesario como siempre lo fue. Tengo la esperanza de que ahora más personas han caído en la cuenta de la importancia de la cultura y que el diálogo con los libros es una forma de abrirse y salir de nuestras murallas.

JOSÉ LUIS MORANTE

Coordinador literario de Small blue library editors en España