Poesía cubana. Un poema de Martha Luisa Hernández Cadenas.

A

A

Martha Luisa Hernández Cadenas (Guantánamo, 1991). Teatróloga, poeta y performer. Coordinadora del Laboratorio Escénico de Experimentación Social (LEES), una plataforma que apoya el arte joven y experimental cubano. Ha dirigido las puestas en escena La que nunca conocí (a partir de Ansia y Psicosis 4.48, de Sarah Kane), Charlotte Corday y el animal (a partir de Charlotte Corday. Poema dramático, de Nara Mansur), en coautoría con Rogelio Orizondo El poeta azul.

Ha colaborado como performer en La última cena, de El Ciervo Encantado, Cartas a Peer Gynt, de Teatro El Público, [∑ n²] Ensayo de duración, de William Ruiz Morales y Gabriela Burdsall, y Para qué Andy Warhol si yo estoy aquí, de Rogelio Orizondo. Coordinadora general de Espacios Ibsen. Fundadora de Ediciones Sinsentido, una editorial independiente que visibiliza escrituras poéticas para el cuerpo, la escena y todas sus deformaciones.

Su poemario Días de hormigas (puesta en escena) fue reconocido con el Premio David de Poesía (2017), y su novela La puta y el hurón recibió el Premio Internacional de Novelas de Gavetas Franz Kafka (2020). Pezuñas (trilogía del nacimiento), obtuvo Mención en el Premio Pinos Nuevos (2018). Trabaja como dramaturgista de Teatro El Público.

A

A

Nadar en pedazos


No aprender a nadar,
nunca entrenarse en el nado,
no nado,
nadar no es para mí,
no importa cuánto pierdas
nadar en pedazos,
otra forma estilizada
de permanecer.

Cómo salvarse de El ahogado,
“una muerte adivinatoria”.
–Morirás en el mar.

La premonición en la casa de Marianao,
brazos que no pueden nadar,
brazos que caerán,
como tantos brazos,
brazos hundidos en el pacífico,
y entre tu isla y otro cayo,
tus brazos inmóviles,
tus brazos acalambrándose,
esos brazos despedazándose.

Nadarás en pedazos sobre ti,
a través de ti,
en ti, los vagos trozos,
de una raza,
tu negritud, dirías,
pero no,
han sido aquellos los muertos,
tus padres te enseñan,
tu padre te agarra de la barriga,
te aguanta por la cintura,
pero te caes en pedazos,
pedazo a pedazo,
una huella,
el negativo,
pedazo de sal enquistado en la orilla,
volverás a hundirte,
volverán a pegarnos con mangueras,
a propulsión,
chorros de agua,
y caes,
un pulmón primero,
otro,
la playa,
a propulsión las cabezas,
que por pedazos,
navegan.
No aprender a nadar nunca,
por valentía,
dejar que alguien hunda tu cabeza,
y arena,
la arena movediza,
se cuela,
una fracción de tu inutilidad,
en la propia inutilidad de la playa,
en la que no aprenderás a nadar.

En la descensión de mi cuerpo,
pasa la Historia,
sobrevuela un dirigible,
ahogarse como represalia,
disentir,
soy El ahogado,
nada El ahogado,
por supuesto,
rozagante,
su movimiento,
que va perdiéndose
en lo absoluto,
ninguna foto,
no queda rastro,
es una alegoría al vacío,
el huracán pasa y desplaza,
el cuerpo se agita y se vuelve corriente,
es una alegoría,
–Morirás en el mar.
–¿Qué otra cosa?
Resalnos de nadadora con demasiada suerte,
nací en un país
que es una playa entumecida,
desde la placenta hasta la orilla,
dando braceadas absurdas,
para convertirme en una alegoría,
del fracaso marítimo, íntimo, prístino,
de una Historia,
la natación,
la propia suerte,
salto desde el espigón,
y no me muevo,
no se percibe ninguna resistencia,
en unos minutos,
no quedará rastro,
nací en un país,
con una manguera de propulsión,
que a chorros,
va ordenando el balneario,
diría,
donde se nada a pedazos,
como si se viviera mejor
con pedazos encima
de la cabeza
que, cuidadosamente,
te hunden.