Poesía española. Un poema de Marina Casado.

Marina Casado (Madrid, 1989) es profesora de Lengua Castellana y Literatura en la Comunidad de Madrid. Licenciada en Periodismo y doctora en Literatura Española, es autora de cuatro poemarios: Los despertares (Ediciones de la Torre, 2014), Mi nombre de agua (Ediciones de la Torre, 2016), De las horas sin sol (Huerga y Fierro, 2019) y Este mar al final de los espejos (Torremozas, 2020), con el que obtuvo el Premio Carmen Conde. Además, ha publicado dos ensayos: El barco de cristal. Referencias literarias en el pop-rock (Líneas Paralelas, 2014) y La nostalgia inseparable de Rafael Alberti. Oscuridad y exilio íntimo en su obra (Ediciones de la Torre, 2017). Ha coordinado varias antologías, como De viva voz. Antología del Grupo Poético Los Bardos (Ediciones de la Torre, 2018). Finalista del Premio Adonáis de Poesía en 2018, 2019 y 2020; en 2019 obtuvo el Segundo Premio de Poesía Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid. Entre otros galardones, ha recibido el Primer Premio del VI Certamen Literario SER Madrid Sur y el del XV Certamen de Relato Corto Eugenio Carbajal. Algunos de sus poemas han aparecido en revistas como Ærea, Piedra del Molino, El Coloquio de los Perros… Ha participado en festivales poéticos internacionales: Raias Poeticas (Portugal), Voix Vives (Toledo), ELVA (Gran Canaria) y Primavera Poética (Lima). Colabora habitualmente en El País con reportajes sobre el Madrid literario e histórico.

Los gritos caídos

Tengo un amor como tengo la noche,
de esa forma compleja y olvidada
en la que se desatan las espigas.
Tengo tu nombre al borde de la boca
y tengo un miedo tenaz a pronunciarlo
sin llenarme la sangre de septiembres.
(Septiembre a veces se confunde con un acantilado).
He visto mundos fabulosos en tus ojos,
                                           besos, barcas, libélulas.
He invadido los bosques de tu ausencia
solo por un instante.

Tengo un amor como tengo una muerte
y los dos se parecen en las manos vacías,
en su forma sutil de acantilado.
Mi voz es alta y soñolienta igual que las espigas
y te grita en silencio,
sin pronunciar tu nombre arrasado de miedos,
bajo la bóveda implacable de la noche.

(De la obra Este mar al final de los espejos, 2020)