«Y así nos hicimos tinta», de Mateo Mansilla-Moya – Poesía en voz de sus autores

Mateo Mansilla-Moya. Nació en la Ciudad de México en 1994. Fundador y Director General de Cardenal Revista Literaria. Ha publicado dos libros de poemas: De sueños rotos, promesas olvidadas y un final feliz (Acribus Editorial, 2016) y La temporada de ballet clásico ha terminado (Buenos Aires Poetry, 2019). Sus cuentos y poemas han sido publicados en diversos medios impresos y digitales: Punto en línea (UNAM), Punto de Partida (UNAM), El Puro Cuento (Editorial Praxis), El Universal, Mood Magazine, Pretextos Literarios por Escrito. Ha impartido talleres de poesía en el Centro Femenil de Reinserción Social “Santa Martha Acatitla”, y en la comunidad de San Francisco Chimalpa a través de proyecto “Territorios de paz” de la Secretaría de Cultura del gobierno federal. En 2020, la Unidad de Inteligencia Financiera, a través de Santiago Nieto Castillo, lo invitó a platicar sobre poesía y sensibilidad a sus instalaciones. Tiene una columna sobre literatura y paz en Cronomicón, el suplemento cultural de La Crónica de Hoy, de Jalisco. Estudió Derecho en el Colegio de Derechos Humanos y Gestión de Paz de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha publicado diversos artículos en revistas de investigación jurídica: Revista Mexicana de Ciencias Penales (México), Revista de Derecho Penal y Criminología (Argentina), Revista Penal México (España-México).

Y así nos hicimos tinta:

Para Ale.

nos marcamos en lugares, 
grabamos nuestros nombres en cuevas urbanas,
nos escurrimos por lienzos de piedra y acero
que acariciaban al cielo y fuimos indelebles.

Nos pensamos y nos repensamos
y nos convertimos
en nuestras propias ficciones
y así construimos nuestra historia.

Y cuando a la luz del sol
la reflejaba la luna,
cambiábamos de página
y llenábamos espacios vacíos entre líneas
con historias
en una lengua diferente a la del mundo:
una lengua nacida de nuestras lenguas
mojadas con rayo de luna.

Nuestros sonidos se habían convertido en melodías.
Las frases eran versos;
nosotros, poesía.

Y entonces éramos
tinta, papel e historia
que, al mismo tiempo
que nos escribíamos,
nos leíamos,
para no solo estar,
sino seguir estando
y poder ser.