Poesía cubana. Dos poemas de Yerandy Pérez Aguilar.

Yerandy Pérez Aguilar (Pinar del Río, Cuba, 1990). Tiene publicado el poemario “bitácora de un paria” (Editorial Primigenios, 2021). Textos suyos aparecen reseñados en revistas cubanas y extranjeras, así como en las antologías La casa por la ventana (Proyecto Arte Cuba, 2012), Bicentenario de Gertrudis Gómez de Avellaneda (Sevilla, 2014), Catalejo II (Ediciones Loynaz, 2018) y Las piedras clamarán (Ediciones La Luz, 2021).  

Ego

Mi madre teñía túnicas al lado de las termas
mi padre juró: “con el escudo o sobre él”, y volvió
sobre el escudo.
Nací en una pobreza suave
donde no sobró nunca una golosina
ni faltaba un plato de legumbres de estación.
El país que recibí estaba roto
sembrado con la sal del enemigo.
Crecí con la fe de que era salvable
y mi generación trajo tierra fértil de ultramar.
Ahora estoy cansado
para Cruzadas oceánicas
y mis hermanos prefieren no cargar la tierra
sino habitarla.
Me faltaron esos extremos que te facilitan ser feliz
o ser genial
y sin embrago me obstino en poetizar estas vivencias
cuando el molino no muele
ni los lobos intentan mutilar el rebaño.
Por qué los sueños
por qué el insomnio
por qué los versos que niego haber escrito
mientras el Señor me exige abanicar su palanquín de nubes.
Yo
yo no necesito arcilla ni estilete
otro será el dueño de estas manos.

Si yo me llamara Rea Galanaki

Si yo me llamara Rea Galanaki
nacida en 1947
ya no estaría aquí. Nunca tendré 74 años.
Mucho, y muy bueno sería
llegar a los 50 conteniendo los caldos de mi cuerpo.
Pero mal vamos él y yo
que a los 30 soy un surtidor de lágrimas.

Ojalá mi madre no compre estos versos en las ferias de Heraklion
ni en ninguna otra parte
ya lo ha perdido casi todo en la vida
como para sufrir la prematura orfandad de hijo.
Mejor margaritas, para la espera
tréboles, para la esperanza
mirra, para el alma extraviada…
En algunos casos es mejor no saber
el “desaparecido”
mantiene un cómodo romance con los que esperan
y es, además, tradición familiar
huir con el Secreto, de una isla
a otra isla.

De todas formas, es voluntad de los dioses
que una de esas mañanas, en que mi madre bruñe las cazuelas
junto a las cenizas del hogar
con los gatos maullando entre sus piernas varicosas
llegará un muchacho de sandalias doradas
con voz de oficio
a requerir los honorarios del barquero.
Los “desaparecidos”, tarde o temprano
navegan el Estigia.