Poesía en voz de sus autoras: Abigail Quiñones Sánchez

Abigail Quiñones Sánchez (Puebla, México. 1995). Ávida lectora desde su infancia, comienza a escribir diarios y conforme registra su evolución personal, nace también su trabajo literario en cuento y poesía. Graba y publica el podcast “Lía leía – poesía” donde da voz al trabajo de otros autores y el propio. Ha participado en múltiples eventos de lectura de poesía que se realizan en la cuidad, destacando siempre su pasión por temas existenciales, críticos, teológicos y feministas. Dirige el círculo de lectura para mujeres “leemos juntas” desde 2020 y cree firmemente que el propósito del arte es sanar y acompañar en cada momento de la existencia.

Morir a destiempo

Todos mueren invariablemente, a destiempo.
En un momento no indicado, apresurado
que no debía ser
demasiado pronto
y no hay alguien de quien se diga:
murió a tiempo
ya era hora
y quién sabe si alguno tuvo
una última certeza
un último sueño
una idea última
el aprendizaje final de una vida de desasosiego
el caso es, que todos mueren pronto
humanos, perros, gatos, peces dorados, hámsters y periquitos australianos
pollitos de colores
y gallinas engordadas
para acabar el hambre
con la muerte de otros.

Morimos pronto y dejamos pocas cosas
como estas hojas en que escribo
van a morir ellas y moriré yo
y algún día, también las letras y el lenguaje en que fueron escritas.
Entonces se dirá de nosotras:
murieron a tiempo, ya era hora.

Al hijo que aún no he podido parir

Tócate.
Tócate tanto como sea necesario
que a este mundo le hace falta
quienes se toquen cada mañana
cada tarde noche y madrugada
y a la luz del alba, se les reconstruya.

Tócate el alma con recuerdos antiquísimos
aquellos que te unan a un pasado prehistórico
recuerda las cavernas
y el agua y el océano
y la carrera por evolucionar.

Tócate el alma, que eso hace falta en el mundo
tócate el cuerpo y reconoce que eres bendito
que tu piel es bella
y eso, desde ahora ya lo sé

Tócate la conciencia de estar vivo
de suspirar de reír

Tócate, que cada vez que tus manos conozcan nuevas cosas
sabrás sumarlas y recordarlas para siempre

Tócate tanto como sea necesario
hasta que tus manos ya no puedan más
y escribe o pinta o dibuja o inventa
lija perfora golpea martilla taladra demuele
acaricia
explora
construye
erige con escombros nuevos monumentos
inventa lo que ha de ser de ti
lo que se va a escuchar
lo que se dirá,
que tu madre ya desde ahora te invita
a que toques cada fibra
cada poro
cada sentimiento pensamiento o recuerdo
no reprimas tus ansias
no digas mi madre dijo no
que yo sabré que al conocerte
nadie ajeno
nadie extraño
vendrá a decirte quién eres
o qué piensas o qué quieres
desde ahora
vives en mí
Ya me toco la conciencia
de que el tiempo nos ha de reunir.

La habitación propia se vuelve prisión [Fragmento]

La vida comienza a ser una lucha por salvarme de los domingos. El tedio de estos días me rebasa, y creo que es mucho más terrible esta sensación de vacío, de falta de todo, de ausencia, de no querer levantarme porque, ¿a qué? No tengo a qué levantarme, todo es invariablemente cotidiano. Me siento envejecida, como si décadas hubieran pasado por mis huesos este día.
Y hago cosas, incluso las tareas y la universidad de la que suelo quejarme llegan a ser modos de anclarme a la realidad, sentir que sigo involucrada en asuntos externos a mí y mi desasosiego, que hay algo en mí que aún puede lograr algo.
Hoy me siento vencida, terriblemente derrotada, como cuando de niña, nadie me escogía para ser parte de su equipo en algún juego en el recreo, por ser lenta, por ser torpe, por cansarme rápido, por no aguantar golpes, ni saber malas palabras para decirles a los otros. Me siento sola, abandonada, desplumada. Por la vida y mis deseos de vivirla. Necesito días para estar y ser lejos de aquí; creo que, aunque no quiera, comienzo a comprender la amargura de personas a quienes en algún momento tildé de dependientes, de no poder hacerse cargo de sí mismas. Comienzo a sentirme igual. Inmóvil, pequeña, tan lejos de lo que planeé hace tiempo.
Este cuaderno igual que los otros, es el registro fiel de mis derrotas. De una tras otra, invariablemente. Sueños que murieron antes de nacer, amores que me abandonan a medio camino y que recibieron mis excesos, de tratar de sacralizar aquello que me ningunea. Nunca antes en la vida me había sentido tan mal, llena de frustración, tan sola, sin la esperanza de al menos poder salir de este hueco que me engulle, me traga y me vuelve a escupir, llena de trozos de otras digestiones para luego volver a ser tragada.