Poesia en voz de sus autores: Jean-Louis Rambour – Traducción de Miguel Ángel Real.

Jean-Louis Rambour es un poeta y escritor francés nacido en Amiens en 1952. Cuenta con una extensísima obra desde 1971: poemarios, relatos, novelas, etc. Ha sido publicado en numerosas revistas.

Sus últimas publicaciones son:

Poesía:

Pauvres de nous, Ed. Gros textes, 2020 (Fotos Jean-Louis Rambour)

Le Travail du monde, L’Herbe qui tremble, 2020 (dibujos  de Jean Morette)

Novela:

Le Cocher poète, L’Herbe qui tremble, 2020 (dibujos de Denis Pouppeville)

https://fr.wikipedia.org/wiki/Jean-Louis_Rambour

Pour notre vie, la raconter de son début
aux petites chambres des hôpitaux,
nous utilisions le papier carbone
car nous aimions son encre à base de cires,
une encre pour l’empreinte de nos doigts.
Son outremer nous changeait en algues
aux profils filamenteux et nous pensions
que cela aidait les souvenirs à franchir
des murs de forteresse. S’infiltrant
quel que soit le granit, les algues
pouvaient de nous faire des flamboyants
de Valence, Malaga ou Madère,
faire de nous des vies recevables
entre racines et ciels et lumières froides.

Para contar nuestra vida desde el comienzo
en las pequeñas habitaciones de los hospitales
utilizábamos el papel de calco
porque nos gustaba su tinta a base de cera,
una tinta para las huellas de nuestros dedos.
Su ultramar nos transformaba en algas
de aspecto filamentoso y pensábamos
que eso ayudaba los recuerdos a franquear
muros de fortalezas. Al infiltrarse
por cualquier granito, las algas
podían hacer de nosotros flamboyanes
de Valencia, Málaga o Madeira,
hacer de nosotros vidas aceptables
entre raíces y cielos y luces frías.

Nous prenions parfois une barque
et des bambous pour avirons.
Au moindre effort, la tige se brisait
de nœud en nœud, si bien que
nous n’avancions jamais sur les étangs,
ne quittions jamais le bas de l’imaginaire.
Pourtant nous savions que de notre enfance
restaient des traces de fêtes grandioses,
des taches de néons étourdis par les pluies,
des explosions de confettis neigeux.
Nous ramions, nous ramions, bientôt
les paumes de nos mains s’y efforçaient
elles-mêmes, en vain. Nous étions des bêtes
incapables de ronger leurs amarres.

Subíamos a veces a una barca
con bambús como remos.
Al más mínimo esfuerzo, el tallo se quebraba
de nudo en nudo, de modo que
nunca avanzábamos por los estanques,
nunca abandonábamos la base de lo imaginario.
Sin embargo, sabíamos que de nuestra infancia
quedaban huellas de fiestas grandiosas,
manchas de neones aturdidos por las lluvias,
explosiones de confetis de nieve.
Remábamos, remábamos, y pronto
hasta las palmas de las manos se esforzaban,
en vano. Éramos bestias
incapaces de roer sus amarras.


Fotografía de Yvon Kervinio