Dos poemas de Jorge Meneses – Poesía en voz de sus autores

Jorge Meneses (Ciudad de México, 1991) Ha publicado en medios digitales e impresos: Los Heraldos Negros (UNAM), Ágora (Colegio de México), Crítica (BUAP), La Palabra y el Hombre (Universidad Veracruzana), Metáforas al Aire (UAEM), Opción (ITAM), Río Grande Review (Universidad de Texas en El Paso), entre otros. Autor de Eso sienten los astronautas cuando vuelven a la tierra (La Tinta del Silencio, 2020).

Una casa es un muro que se prolonga

 Una casa es un muro que se prolonga
 una enredadera que extiende su largo y verde brazo
 y abraza el vacío de una habitación que no existe hasta entonces.
 Una casa es una frontera al acecho de los bárbaros
 que asoman sus caras barbadas a las puertas y ventanas
 porque en la mesa hay pan caliente 
 recién salido del horno de piedra.
 Una casa es una caverna.
 Una casa es una jaula para fantasmas 
 que no renuncian a la esquina que los cobija
 aves raras que no vuelan pero sí gritan.
 Una casa es un muro largo 
 que envuelve el cuarto de los niños
 que no será nunca el cuarto de los niños
 porque he renunciado a la paternidad.
 Una casa es una afrenta a lo desconocido
 mas detrás de sus murallas nada se conoce.
 Yo no tuve casa.
 Fui nómada.
 El aire fue mi barca
 y en mi espalda llevaba los fardos, la carga.
 Apenas traspaso una puerta quiero irme.
 Pero hay que casas que aprietan
 que cazan
 son animales salvajes que acechan en las esquinas
 en la oscuridad de una calle tranquila.
 Esta casa que habito me mantiene preso.
 Trato de huir
 pero cuando encuentro por fin la puerta
 una suave voz advierte que llegue lejos
 y el cemento se estira
 pues una casa es un muro que se prolonga
 que se prolonga
 y sigue
 sigue
 sigue… 

Hay una herida abierta

 Hay una herida abierta
 y en la herida corre un río de aguas claras, limpias
 y a manera de homenaje este río me lleva en hombros.
 De mi frente brota la rosada flor
 de fragancia deliciosa
 que embriaga de alegría los corazones de los que están a la orilla
 cantando en un idioma extranjero el encuentro fortuito.
 Lágrimas salen de mis ojos y se vuelven río
 y yo me vuelvo uno con el agua
 un agua que limpia la herida abierta
 un agua que se vuelve espuma, algodón de agua
 un agua que se disuelve por fin en el estallido final contra la roca.
 Que nadie sufra:
 En el río permanecerán los pétalos rosados de fragancia deliciosa
 escamas rosadas de una víbora diáfana que custodia mi herida abierta.