Poesía en voz de sus autores: Antonio Ojeda.

Antonio Ojeda (Estado de México, 1997). Es egresado de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad Autónoma del Estado de México por el Centro Universitario UAEM Amecameca.

Ha publicado sus poemas en las revistas Altazor (Chile), Santa Rabia (Perú), La libélula Vaga (Suecia), Kametsa (Perú), Liberoamérica (España/Argentina) y Casa Bukowski (Chile/México).

Ha musicalizado e interpretado los poemas “Arte Poética” de Vicente Huidobro para el Primer Festival Internacional en nombre del poeta y organizado por su fundación en 2020 y “Piedra Negra sobre Piedra Blanca” de César Vallejo para el Essential Hispanic Poetry Readings 1st Series organizado por Nueva York Poetry Review, Nueva York Poetry Press y el Departmento de Lenguas Romances de Hunter College, Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY)

Dirige la revista electrónica de literatura Hiedra, la cual fundó en mayo de 2020.

Desde enero de 2021 es consejero de la Revista y Editorial Norte/Sur. También, desde abril de 2021 es colaborador de la editorial Nueva York Poetry Press como webmaster.

En marzo de 2021 fue publicado su primer poemario Hipotermia, Sopor & Soledad por la editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México el cual se encuentra disponible en su totalidad en el Repositorio Institucional de la UAEMéx.


TRES POEMAS DE ANTONIO OJEDA DEL LIBRO
HIPOTERMIA, SOPOR & SOLEDAD1


ALBA (pág. 11)

Llevo conmigo
un arsenal de nostalgia.
Algunos recuerdos son jóvenes,
otros de espíritu antiguo.

Soy lo que resta y de ficción
que va directo hacia la luna
tratando de separarse
en especies a fuerza de aullidos.

Tengo un amuleto de aromas
con el que jamás podré
volver a sentarme a conversar.

Mi nostalgia son caminos
detrás de la silla de un dios.

Soy un arsenal,
un desgastado dique de sueños,
sueños que tuve una noche,
noches que viví un día,
días que viví con la
mirilla que nunca hice mía.

Soy una nostalgia de esencias
sin permiso ni voluntad para perderlas:
ya no este viaje,
ya no este cuerpo,
ya no esta vida.

Reñaca, Viña del Mar, septiembre de 2018

TERMINAL SUR (pág. 18)

El nadir es la brújula.

El único destino posible
siempre ha sido el mar.

Desde antes, desde niño,
desde hace años cuando no sabía
que era mi sueño más grande
hasta el día en que nos presentaron.

Fue con otra cara,
otro calor.
Con otra humedad,
con otros caminos.
Hace tantos años ya.

Hoy qué podría decirle,
no le sé nada en esta playa.

Sólo le conozco
a orillas del Atlántico.

El mar.
La mar.

El encuentro.
Nuestra soledad.

AVENIDA NACIONAL (pág. 69)

Encendían las luces al arribo
justo al final de la última avenida.
Con aquel aire, la humedad de lluvia
de todo el calendario hasta diciembre.

La puerta que fue libre en otros años
abrió en los últimos con varias llaves.
El portón negro, el auto estacionado,
el monumento al perro, el otro hogar…

Cuando pequeño, parecía un castillo,
y cuando crecí, un verde monasterio:
ciertamente hoy de nostalgia otoñal.

Es un pedazo de lugar perdido.
Tiene blanco cielo y azul guardapolvo,
y en el camino de piedra y concreto
como en el marco de toda ventana
y bastidores de todas las puertas,
labor sin descanso de mi apellido.

Hay pasillos de arcos de golondrinas,
una puerta de manija dorada
con una mano sosteniendo al mundo
y vidrios a los lados que una noche
miré apartándome de una jauría:
la puerta al pasillo de aterrizaje
de aviones que hacía volar en papel.

Aquella pista siempre unió las mesas
y la sala vio mis primeros pasos
en esa alfombra en que todos gateamos.

En la cocina bailaban aromas,
leche que no había perdido su crema
y pan de cena siempre con café.
Tras la ventana, gatos que algún mes
se extinguieron al tiempo sin maullar.

Y subiendo escaleras a la izquierda,
descansan mis ayeres de conciencia:
una película y un juego de futbol,
una manta uniforme carmesí
y otra tejida aún con olor a cigarro.

Ahí se queda mi viaje.
Solo, subo y converso
con cada fotografía
que me sigue dibujando
lo que es y ha sido la vida.

Mientras, recuerdo el gol del partido.
Mientras, recuerdo la película de Notting Hill.

Reviviendo la tarde cuando me trepé a la cama,
y los abracé, después de una noche de hospital.


1 El libro se encuentra en el Repositorio Institucional de la Universidad Autónoma del Estado de México en el enlace http://ri.uaemex.mx/handle/20.500.11799/110350?fbclid=IwAR12GQpZ0xmW-WIdigibXUCZ72O6WTquWkhwqEjFHYdQ7n7KcIAKCgDNnbc