MARELA. Ciudad para los mil ojos [1] – J. Andrés Herrera – Audiolibro en voz de su autor

CAPÍTULO I – ALTURAS PERPETUAS

VOLAR TU ÉPICA

Andar a pie en Marela es insoportable. Hazme volar, amor. Cuéntame las historias de por qué no soportas la vida, de tu trágica existencia en esta ciudad llena de porquería. Pero en este país, en este mundo, ¿qué ciudades no están llenas de porquería? A todos los abusan o los golpean, o todos golpean y abusan, así que el drama no puede ser la llave de tu destino. ¿Qué sucede, amor? ¿Por qué no puedo sentarme a mirar la tarde? ¿Por qué prefiero decir «no» que intentar bailar a saltos con el miedo? El miedo de cometer otro fracaso. Fracasar debería ser un delito y, tras hacerlo, la vergüenza, la ira, el coraje, ser castigados por separado. Que se burle de uno, Marela, tu gente venenosa, que uno baile ante micos y que sienta la culpa, esa maldita culpa de vivir con odio por alguien y agotarlo contra uno mismo. Canta, finalmente, amor, las acechanzas de los hombres y mujeres en Marela, misterio de los que se quieren de veras, sin herirse los ojos con una sola legaña, sin taparse las arterias con sangre espesa. Háblame del lugar donde fluyen los astros en un orden primordial. Amado hermano humano, humano rehumanizado, que vives allá donde las vegetaciones son antiguas y las aves son triásicas, cántame que existe la hipocresía. Cántame del mundo posible sin infiernos, de las almas que no lloran. Cántame que es soportable la vida, que las aguas no se secaron todas ni los mares se ensancharon para acabarnos, que uno se guarece en un cuerpo, que se concluye un arte, que uno se esmera en articular palabra a palabra las historias de sus abuelos y sus niños para sembrar algo. Cántame, oh, amor, las historias de gloria que aún no se logran porque yo ya no aguanto tanto desconcierto. Volar sobre Marela es alzar el ala con valor. Volar sobre Marela es pagar dos pesos para verse uno mismo desde el cielo, ínfimo punto de desperdicio, otro dios, otro detrito que termina por ahuecar el ala, a la vieja usanza, para partir, porque volar sobre Marela también es insoportable.

BARRIO LITE (HIPERPISTA C12)

Las luces de gas que cruzan la hiperpista C12
no sirven para aterrizar,
sirven para mirar peleas de robots sexuales,
sirven para el tráfico de chips cargados,
sirven para comprar bolsas de «nomeolvides» y sorprendinol.
Quisiera ver un día las naves aterrizar aquí.
Quisiera volar sobre el viejo delta,
más allá de donde se juntan el mar y el río,
para ver las fiestas de los ricos
junto a las playas muertas.
Quisiera ver a todos los que vivimos
en este barrio tan podrido de Marela
tomar nuestro propio aeromóvil
para partir lejos cuando llega la congestión ambiental
y los buitres de salud social
nos echan todo el miasma.
Quisiera ver llegar la nave de mi mujer
a la puerta de nuestro piso veinteavo.
Pero no, debo correr como todos
por un lugar en la fila de espera
o quedarme afuera mientras llega
el aerotaxi colectivo.
Esperar,
de cualquier forma,
a que bajen toda la mercancía negra
que se comercia en la C12;
esperar
a que revisen a todo el que entra a Barrio Lite;
esperar
a que se recupere la luz tras recargar el transporte;
y, cuando por fin funcione el elevador,
esperar
que mi mujer baje,
que no le hayan prohibido el paso de vuelta,
que podamos regresar antes del toque de queda
y, como seguro nos alcanza,
que nadie nos asalte, ¡que no nos vayan a matar!
sobre la hiperpista C12, a una cuadra de la casa.

SOBRE EL OFICIO DE HABITANTE DEL AIRE

Nunca vi en el mundo algún humano
capaz de ganarse mi confianza.
Siempre que miré al frente,
vi a alguien rompiéndole la cara a otro,
haciéndole pedazos el alma
o destruyendo la naturaleza.
Hay algo en la raza humana que me obliga a detestarla.
Mi humanidad, sin embargo,
está hermanada con miles de antecesoras
que también odiaron que pisáramos el planeta.
Por eso mismo no puedo matarme.
Hay algo de morbo en esperar a que muera.
¿Cómo funcionarán las cosas?
¿Esto explotará de veras?
Pero sé que moriré como todos.
Envejeceré y quedaré enferma.
Necesitaré el trato humano y un hospital,
sus falsos cuidados, su falible cariño,
y la palma tenaz de Ehécatl cuando me muera,
porque mi dios es Ehécatl.
Por eso elegí los aires
como hay quienes vuelan con sorprendinol.
Mas yo, que no soporto
el asqueroso trato humano
ni su canto de estiércol,
ni su cursi verborragia;
yo, que, como Swift, prefiero el trato de los caballos,
he elegido mi propia compañía:
un ave en el cielo,
que desprende su gorjeo mecánico
y su fuego eléctrico.
¿Qué hay que hacer en Marela para divertirnos?
Esperar con morbo a que una muera.
Una forma fácil es conducir un aerotaxi
en turno completo de aviación
y no volver, bajo ningún riesgo,
a poner un pie sobre la Tierra.

TORRE DE MARELA INC.

Vienes a mi cuerpo en paso ritual,
como cegada y en procesión,
posesa del dolor que nubla la bahía
y alumbra todo mar adentro.
Vienes a mí en busca de otro cuerpo
al final de mi cuerpo, ansiosa de tu pasado,
desengañada, desnuda,
entregada y a gritos.
Este cuerpo no es tu cuerpo.
No es el que pintan tus manos
ni el que mide tu ombligo,
ni el que cesa contigo.
Vienes a mi cuerpo a desengañarte
y recorres de arriba abajo
las galerías subterráneas, las posadas,
los grandes hoteles,
las cabinas de aerotaxi y todo lugar
donde se pueda aparecer el cuerpo que buscas.
Desciendes, tú, no sé qué, pero tú,
de tus miembros prostéticos
y te avientas ya sin mirar mis ojos.
No puedo reprochar tu frialdad
porque activas un botón en tu espalda
para darme el placer máximo
según ha descubierto la ciencia.
Amanda, amante con mente programada
para desear fervorosamente
al amor de su pasado
y encontrarlo en cada pareja nueva.
Eres el mejor modelo
que trabaja la compañía.
Los ingenieros ganan otra batalla.
Eyaculo en ti, en tu depósito
que convierte toda proteína en nutrimento.
Amanda, la NXSF-4, llora
tras ser penetrada y aprobada
por el supervisor de androides
en el piso más alto de la Torre de Marela.

LA ALTURA QUE TE MERECES

Sobrevolar pirámides,
atractivo turístico de Marela
si flotas en globo aerostático
por encima de los megabarrios pobres.
Pero si no tienes dinero, no importa,
porque allá abajo
hay «nomeolvides» para que te eleves.

Sobrevolar pirámides
y ver cómo el sol vierte
su luz sobre místicas arquitecturas
donde bajaba la serpiente,
donde tu esqueleto se mostraba sin carne,
por observatorios espaciales de antiguas civilizaciones
y permanecer encima de los dioses
sin importar la altura de los templos
es posible en Marela, todo es posible en Marela,
mientras tengas dos pesos.