MARELA. Ciudad para los mil ojos – J. Andrés Herrera

J. Andrés Herrera (Cuernavaca, Morelos, México, 1990). Autor de Eso que revienta (2012), El morbo y las promesas (2014), Cuernavaca Ska-Jazz Club (Mantra, 2015), La tierra que nos dieron (El ojo, 2016) y La isla (FEDEM, 2018). Obtuvo el primer lugar en el XVI Premio Universitario de Poesía «Décima Muerte» (UNAM, 2013). Fue beneficiario del PECDA Morelos en 2015 y Contigo a la distancia (FONCA, 2020) con Marela. Ha coordinado y participado en múltiples proyectos culturales comunitarios con colectivo Flor de agua.

«He aquí mi poema
brutal
y multánime
a la nueva ciudad»

VRBE
Manuel maples arca

MARELA, QUE LLEGA PARA TI

Sabrás de su cuerpo porque te envolverán sus oleajes de viento y te mecerás como un niño que da vueltas en carriola. Sabrás de su humor al escucharla para entender que los espacios de la orilla son silenciosos y hay que poner mucho cuidado en los detalles porque los sitios más céntricos están rodeados del ruido de las avenidas, de los helipuertos, de las venas que la recorren por debajo. Sentirás su bienvenida cuando veas correr a las multitudes y una fuerza, desconocida hasta entonces, te empuje sin remedio con las otras almas, en un rugido inmenso, con un temor más poderoso que la audacia, momento definitivo entre los años. Sabrás lo que incitas en ella al caminar de noche, rescatando paso a paso los olores, las comidas más conocidas, incluso las extranjeras, todo revuelto, mar de testimonios. Sabrás que ya está encima cuando sobrevivas a un fuego que destroza la cabeza de una turista frente a ti. Sabrás de sus jardines llenos de hojarasca, otoño perpetuo que embriaga con melancolía tus tardes, mientras regresas a casa con la certeza de que tuviste suerte. Sabrás que amas esa megalópolis bárbara cuando quieras largarte y descubras que no puedes, que irás por el mundo contándola, cantándole al recuerdo que inventaste, para no olvidar la ciudad devastada. Y regresarás para continuar con la herrumbre por los pies hasta que Marela caiga a pedazos ante tus ojos con un golpe en el pecho y mires cómo reverdecen los jardines entre pedazos de concreto.