Apuntes sobre religión (1912-1913)* – Franz Marc.

«Sueño de Salomon» Lucas Jordan. Museo del Prado, n.° 3.179. Oleo sobre lienzo, 2,45 x 3,61.



Llama la atención lo poco que las personas de nuestros días aprenden de los museos. Uno se pregunta: ¿para que construyen museos, si no quieren aprender nada de ellos? Cuando podrían aprender todo de los museos. Lo único realmente importante es que no hay un arte grande y puro sin religión; que el arte, cuanto más auténtico y puro, más religioso ha sido; y, a la vez: cuanto más artificial se ha mostrado, más irreligioso ha sido su tiempo. Por supuesto tienen alguna razón quienes afirman que el arte verdadero hoy en día es incompatible con nuestra era científica y técnica; yo pienso, en cambio, que se equivocan al juzgar que el arte está por morir. Más bien: lo que está claro es que la ciencia y la técnica pasarán a ser disciplinas secundarias en nuestra vida. El revuelo en torno a nuestra razón remitirá muy pronto, para que el arte vuelva a ser el gran dios. Es más, volverán las nociones de Dios, Arte y Religión. Nuevos símbolos y leyendas accederán a nuestros fatigados corazones. Un Buda, algún Cristo, no queremos escuchar las voces de los grandes profetas, Dostoievski, Tolstoi y Nietzsche? Mi lengua es una lengua paralizada que a nadie convence. Tan sólo puedo decir lo que me dicta mi conciencia artística y lo que debo decir para llegar al tema del arte.

«La degollacion del bautista». Massimo Stanzione. Museo del Prado, n.° 258. Oleo sobre lienzo, 1,84 x 2,58.



¿Existe algún espectáculo más deplorable que la fascinación de nuestros coetáneos con el progreso de las ciencias y de la técnica? ¿Hay algo acaso más limitado y más triste que la sensación de triunfo de nuestra gente, que cree haber superado cualquier religión? Y eso creen, realmente, los «buenos centroeuropeos». ¿Y en qué apoyan esa opinión? Por ejemplo, en las máquinas. Como si existiera alguna máquina que no fuera nada más que la peor imitación de un antiguo trabajo manual del hombre. Un sucedáneo, pues, ajeno al espíritu. Los ferrocarriles, la más roma de las invenciones plebeyas; los aeroplanos, ¿en qué le pueden servir al es píritu? Un traslado directo de A a B, en línea recta. No suena particularmente ingenioso. Más bien, suena terriblemente peligroso tener tanta prisa. El único objeto de toda nuestra ciencia y toda nuestra técnica es obviamente evitarnos pensar, ahorrar espíritu. Quien vaya hoy por el mundo armado de espíritu o sumido en sus pensamientos, será detenido por perturbar el tráfico o, en el peor de los casos, atropellado. Pero llegará muy pronto un tiempo en el que nuestra técnica y nuestra ciencia nos parecerán infinitamente tediosas. Se les dejará totalmente de lado; es más, serán olvidadas. Ya nadie tendrá tiempo, pues estará comercializando mercancía espiritual.


* En hoja sin numeración, en cuarto. Copia mecanografiada del editor de 1948 de un manuscrito ya desaparecido.

Los cien aforismos y otros textos sobre estética. Pág. 125. UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO. Publicaciones & Fomento Editorial.