«Testigos del polvo», de Diego Medina – Poesía en voz de sus autores

Diego Medina, (Violencia Parra o Elías Borderline, según su estado de ánimo) Poeta y activista LGBTTTIQ. Su poemario El llanto es un perro inmenso fue publicado por Vitrali Ediciones, además de participar  en antologías como Poesía Trans No Binarie, de Puntos Suspensivos Ediciones, MORFO, de Editorial Criptomórfica. Su poemario Prometeo, ganó el segundo lugar del IX Concurso Internacional de Poesía Caminos de la Libertad. Ha participado en el Festival de Poesía en Voz Alta, de Casa del Lago, UNAM.

Testigos del polvo

 “—¿Crees que el fin del mundo pase de noche?
 —No, será al amanecer.”
 Jim Stark a John Crawford en Rebelde sin causa, 1955 
 No somos silencio,
 somos testigos del polvo
 girasoles que nacen de una gota de sangre
 /horizonte siempre crepuscular/
  
 —Sancho, lo importante de robar un auto no es conducirlo, sino prenderle fuego.
  
 No es que uno olvide, 
 sino que uno emigra,
 como que uno aprende por la mala
 que caminar astillado duele.
  
 Sucede que a veces la vida es un western 
 sin lluvia que empape a los caballos
 y el recuerdo de toy story muy lejano,
 sucede que a veces los canallas no usan atajos
 y sus caminos se cruzan con los de algún valiente.
  
 ¿Tendré el valor de dar el primer paso en este duelo a muerte?
 Huye de tu acreedor, de la policía, de la rosa, huye de Sansón Carrasco
 o dispara primero.
  
 Los rituales de iniciación nos unen
 yo escapo, usted acecha,
 pero al llegar la noche ambos seremos hombres
 y la sangre, mi sangre, nos hará hermanos,
 Caín uno, Abel el otro,
 Vaqueros de medianoche, todos.
  
 Recuerda siempre que escapar no es un atajo.
  
Ya ves que “no hay mejor perdón, ni mejor venganza que el olvido”. (Espuelas, cuero, motocicletas, trenes subterráneos, el lomo marcado por herrería fina, dientes de oro, narices rotas, cabellos largos, gafas oscuras, ojos anónimos, frente perlada, sombreros viejos, una bicicleta oxidada, jóvenes adictos caminando sin coordinación al borde de una banqueta de circuito interior, policias borrachos de estrobos, tumbleweed´s de periódicos manchados de mierda y su correspondiente milagro: un billete, a veces una moneda, en el camino del que se quedó sin transporte, medianoche, en la ciudad, en la montaña, en el cementerio lo mismo que los pensiles). A veces mi sangre todavía es roja.
  
 —Sancho, nunca volveremos a casa, no existe más esa palabra.
 —Lo sé.