«Eurídice», de Gonzalo Hermo – Poesía en voz de sus autores

Gonzalo Hermo (Galicia, 1987) es licenciado en Filología Gallega y doctor en Lingüística por la Universidad de Santiago de Compostela. Actualmente vive Barcelona, donde trabaja como profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona y de la Escola de Lletres de Tarragona.

Ha publicado tres libros de poesía en gallego: Crac (2011), Celebración (2014) y A vida salvaxe (2018). Por su obra poética, ha recibido, entre otros, el Premio de la Asociación Española de Críticos Literarios y el Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía Joven «Miguel Hernández».

Su poesía está traducida al castellano y catalán y, parcialmente, al inglés. Ha participado en festivales de poesía de ámbito nacional e internacional, como los de Barcelona, Córdoba (Argentina) y Ottawa (Canadá).

Por Diario dun enterro (2018), su primera novela, obtuvo el Premio Repsol de Narrativa.

Eurídice

 
 En el corazón del bosque encontré una ventana.
  
 Escucho la voz de los muertos susurrarme al oído:
  
 —Mira.
 Al otro lado hallarás la razón de tu deseo.
 Será hermoso como asistir de pronto
 al nacimiento abrupto de todas las cosas.
  
 Después ya no pude recordar
 cómo llegué a este punto del trayecto.
  
 Solo recuerdo regresar del infierno más veces
 para hacer las mismas preguntas
 que hoy me alientan a volver a la escritura.
  
 Entro de nuevo en el poema como un lobo en la noche.
  
 Como en un déjà vu,
 un engaño de la memoria:
  
 ramas de fresno,
 pequeño lugar del mundo donde los colores se esparcen
 como en un bosque atravesado por un río.
  
 Vi el río morir en el mar
 y el mar caer en la línea del horizonte.
  
 Vi la vida brotando en las fronteras
 donde la tierra determina la cadencia de la estación.
  
 Era por la caída de la hoja y los sauces florecían.
 Mi idea de hogar languidecía poco a poco. 
  
 Dijeron:
  
 —La razón de tu búsqueda se encuentra detrás.
 Todo cuanto en el mundo te extraña
 tendrá sentido de repente,
 de repente.
  
 Pero yo no pude mirar.
  
 Porque no hay verdad que no duela.
  
 Porque el precio de la visión es el silencio
 para un cuerpo que recuerda
 ser detenido por la mano de su propio desear.
  
  
 [Epílogo:]
 La ventana es la escritura, el infierno es la noche.
 Solo el corazón del lobo comprende la noche.
  
 Solo hay luz a veces
 cuando la vida convoca su barullo
 y el poema calla
 para oírla balbucear. 
*
 No corazón do bosque atopei unha fiestra.
  
 Escoito a voz dos defuntos bisbándome ao oído:
  
 —Mira.
 Ao outro lado atoparás a razón do teu desexo.
 Será fermoso como ollar de pronto
 o nacemento abrupto de todas as cousas.
  
 Despois xa non puiden recordar
 como cheguei a este punto do camiño.
  
 Só lembro regresar do inferno máis veces
 para facer as mesmas preguntas 
 que hoxe me alentan a volver á escrita. 
  
 Entro de novo no poema como un lobo na noite.
  
 Coma nun déjà vu, 
 un engano da memoria:
  
 pólas de freixo, 
 pequeno lugar do mundo onde as cores se espallan
 coma nun bosque atravesado por un río.
  
 Vin o río morrer no mar
 e o mar caer na liña do horizonte.
  
 Vin a vida agromando nas estremas
 onde a terra determina a cadencia da estación.
  
 Era pola caída da folla e florecían os salgueiros.
 A miña idea de fogar esvaecía pouco a pouco.
  
 Dixeron: 
  
 —A razón da túa busca atópase detrás. 
 Todo canto no mundo che é estraño
 terá sentido de repente, 
 de repente.
  
 Pero eu non puiden mirar.
  
 Porque non hai verdade que non doia. 
  
 Porque o prezo da visión é o silencio 
 para un corpo que lembra
 ser detido pola man do seu propio desexar.
  
 [Epílogo:]
 A fiestra é a escrita, o inferno é a noite.
 Só o corazón do lobo comprende a noite.
  
 Só hai luz ás veces
 cando a vida convoca o seu balbordo
 e o poema cala
 para oíla balbucir. 
 
 
(De A vida salvaxe, 2018, Pen Club Galicia.
 Traducción del autor).