Poesía de Colombia: Christian Rincón

Christian Rincón (1992). Investigador colombiano, licenciado en humanidades y lengua castellana, con maestría en Escritura Creativa. Ganador del XXII Premio de Poesía Internacional Aranda Arenasil en España. Es codirector de La Pájara Pinta, y ha publicado artículos y poemas en revistas de México, Argentina y Colombia. Ha sido finalista en varios concursos de Cataluña y Colombia; obtuvo mención de honor en el Premio Nacional de Poesía de la Universidad Externado. Trabajó en el laboratorio creativo del Centro de Memoria Histórica Naturaleza Relatada, enfocado a excombatientes de las FARC.

PREFERENCIAS

Me gusta la indiferencia de los animales
——-cuando uno los ve,
porque no necesitan cometer un error
para dar la espalda y huir.
A mí, en cambio, me duelen las separaciones.
Si alguien se me queda mirando,
siento ganas de dar una explicación
y decir, por ejemplo, que no estoy bien,
que me gusta temblar antes de dormir
o apretar las manos cuando veo una trenza.
Decir: qué
————-go
———————-no
—————————-rre
————————————-a
—–y esperar
que las cosas sigan teniendo algo que ver con nosotros.
Me gusta que un poema pueda ser un flotador pinchado
del que esperamos más, cada vez más.
Pero a veces es sábado y no me gusta estar solo
en medio de un pasillo,
a punto de hacer una llamada
que nos cambiará la vida
—–de nuevo.
No me gusta dar explicaciones,
pero a veces alguien mira,
y entonces,
El lenguaje se comporta como un animal
que está siendo visto desde una reja.
———La arrogancia de quien es visto
———la ferocidad de quien no participa.
Me gusta este poema,
porque es indiferente y está huyendo
frente a todos ustedes.

LA VIDA Y OTRAS FICCIONES

Si esto fuera una película de acción,
yo me moriría en el primer tiroteo,
sin vengar a nadie, pero cayendo
imprudentemente en medio de los extras.
Por desgracia o fortuna,
estoy en una historia alterna,
donde nada explota
y el único peligro es el colesterol alto
o un error de ortografía.

A veces salgo herido
y tardo en recuperar
las ganas de abrir la ventana,
pero lo normal es que acabe intacto,
del otro lado de la cama,
donde nadie aplaude
y solo queda el ruido de la alarma,
una llamada inesperada.

EMPATÍA RADICAL

Un día, dejamos de colaborar
porque nos han decepcionado.
Nos vamos,
pero no nos despedimos
para levantar la misma ciudad en otro lado.
Nos alejamos para aprender a celebrar
el mundo que sigue sucediendo
en nuestras manos.
Disputarnos la alegría de tenernos.