Poesía en voz de sus autores: Jesús Sánchez Moreno.

Jesús Sánchez Moreno (1994) Acapulco, México. También ha publicado bajo el seudónimo Xue Moreno. Es Licenciado en Creación Literaria por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Ha publicado en Ágora (colmex), Espora (udlap), Punto de partida (unam), Mono (ibero), entre otras. Ha leído su obra en distintos coloquios nacionales de instituciones como unam, uaemex, uanl, buap y uacm. Está antologado en Argentina, Trazos tórridos (Ediciones Afrodita, 2020), España, Versos en el aire II; IV y Versos a la luna (Diversidad Literaria, 2014; 2016 y 2015) y México, Nido de poesía Segunda generación (LibrObjeto, 2019). Obtuvo el 2° lugar en el Concurso de Creación Literaria del XVII CEEECIIL de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa. Facebook: xuemoreno.

Las bestias de la espera

 
 El viajero de los días 
 domador de las presas   de los calendarios
 se encuentra sin hora en las agujas del reloj
 lo invaden las dudas del sí y del ayer
 Se pregunta 
 ya sin sombra en las esquinas de la calle
  
 Dónde tomará el café que le devolverá el sueño
 dónde el sueño le regresará el café de la tarde
 en qué tarde se detendrá a esperar los tigres de los meses
 en qué calendario cazará el festejo del antier
  
 Él solo se responde:
  
 Tal vez mañana en la Calle del Despertar…
 en el tic-tac de la Nada y Nadie en el metro
 en la Estación del Presente y del Otoño
  
 Quizás en los días pájaros del ayer
 con cruce en las avenidas:
 Sombra del No y Sombra del Futuro
  
 Posiblemente haya que detenerse en la banca de la vida 
 a esperar
 Esperar qué 

La jaula de los días

 Desde el interior
  
 el ave distingue una luz
 diferente   
      El hoy es un cristal 
 cuarteado
 en una lámpara herida
  
 Una jaula de huesos y plumas
  
 Los calendarios son un laberinto
 Suceden
    a través del aire
              
 Las ausencias salen por una puerta
 cuando la suerte
     ha de tocar a casa
 Afuera 
             
 siempre hay alguien:
 un fantasma que ha de desaparecer,
   personas 
 que llegan y parten invisibles;
  
 solo quedan sus zapatos
 y sus trajes sobre el closet cuando han de vestirlos
 de blanco 
 para siempre
  Adentro 
 ya no hay nadie
 sólo sombras vestidas de hombres o mujeres
  
 Hay píldoras para preservar 
 los sueños
                   El mundo es 
 un vaivén desquiciado de sirenas
   y ángeles
 que caen
  
 La gravedad tiene una pesadez distinta
                  
 Al ave de la incertidumbre 
     sólo le crecen los días
 en lugar de alas.
   

Capricornio

Al maestro de “Heces”…

 Ayer decidí nacer adentro de mis venas 
 y enterrarme hasta los huesos 
 en mis huesos.
 Engendrarme de dolor en la boca 
 hasta las fracturas, y romperme, 
 parirme en Diciembre –en estos Veinticuatro Días–, 
 y crecer, a chispazo lento, 
 oscuramente, en las sombras sin sombra;
 de dorso, sin vértebras, 
 de pie, sin piernas, y caminar…
  
 Ayer decidí morir afuera de mi sangre,
 en la entraña viva de la muerte,
 sólo para nacer enterrado 
 hasta los pies. La luz era una profunda llaga 
 de pájaros en mi garganta, la voz
 una espina con su andar en aguas 
 frente al corazón… Y el amanecer
 me devolvía la carcajada de las sábanas solas,
 de las parejas en las avenidas con su hipocresía 
 en los gestos, 
 de los solitarios fúnebres en los autos 
 y las muchachas inclinadas en los andadores tristes de Enero.
  
 Ayer amanecí aprisionado 
 en esta Carne…                                                                                
 Y tal vez Eso fue Todo.                    

Lázaro en el Siglo XXI

 
 Huye lejos, más lejos; 
 corre, corre más allá,
 sueño fugitivo;  
 fugitiva voz, palabra errante,
 al profundo trote del abismo álzate piedra de humo,
 sonámbulo fondo:
 tiempo que no desemboca. 
         El ensueño es la realidad del difunto
 que todo lo busca, y apenas al tacto, 
 escapa.
 Has tomado el taxi al salir de la oficina,
 has vestido el traje para morir cada viernes. Tu rutina 
 es un fantasma
                          que decolora las uñas y los cabellos.
 En tu Segunda Resurrección, Lázaro,
 descansa
 donde se esconde todo lo que nos abandona: 
 la pesadilla, el abismo, el deseo.
      (¡Y si abres los párpados?)
 Para qué han de resucitar tu nombre.
 Para qué han de resucitarte.
 Sólo la noche te cubre de su virtud 
 y sus ungüentos.
 La voz de tus dioses aquí no es suficiente.
 El sueño es un ritual 
 y es una hoguera 
        y te levanta. 
 Ya la intuición enciende y traza
 sus signos
 en tus palabras. Vuelve a tomar 
 tu silencio. En el muro, tus preguntas. Tras los cristales
 reconoce
 ese odio más allá del límite de los hombres. Descubre 
 tus ojos marchitos
 que han rondado por todas las paredes.
                                                                Cae…
 Toca la luz la pesadez en tus ojeras.
 Ya te levantas, Lázaro, como se levanta el polvo de la lucidez
 y la arenilla insomne de las cosas.
        Quién ha de preguntar por ti.
        Quién ha de preguntarte.
 Amanece el sueño. Ninguna palabra resucita.