Poesía en voz de sus autores: Zurisadaí Santos Pe.

Zurisadaí Santos Pe, (1996). Nacida en CDMX y criada en Ecatepec. Egresada de la licenciatura en Literatura Intercultural por la UNAM, Campus Morelia. Coautora del libro para niños y niñas Dicen las abuelas (PAPIME, 2017). Editora en jefe y antologadora de Las que amamos, antología poética que reúne las palabras de mujeres mexiquenses, (2020). Gestora cultural, slamera y spokenera aficionada. Ha colaborado en distintos congresos académicos y de creación literaria con obra propia, así como en publicaciones autogestivas e independientes. Fundadora de Poemujería: poesía, mujeres, periferia, espacio de difusión de escritura creativa producida por mujeres del Estado de México. En el rostro se le ven las abuelas, las tías, las sobrinas, las amigas y hasta la madre.

Nociones sobre la ira

I.
He oído a la gente decir que escupo lumbre del hocico
que quemo y que destruyo nada más con abrir la boca
que la serpiente más antigua
a los pies del árbol de la ciencia
pensaba en mí para inspirar su pericia
que fui las manos que no tuvo para señalar con juicio
que planeaba la destrucción de Oriente Próximo
mientras recitaba para mí un In God We Trust
que mi enojo mató a dos dioses
que me enfrenté sin armas a dos santos con espada
oí decir que derrito plomo cuando hablo
que el movimiento de mis alas aturde la fina materia que es el polvo
nadie sabe que Sigfrido me dejó viva

por lástima
que fue mi sangre
viva
calendárica
puntual
la que le otorgó
como a toda la especie
perpetuidad.
no soy dragón
pero quisiera
quiero
vivir para ver ojos que se llenan de pánico al mirarme
ser la fantasía heroica
que deja registro en las historias de la fe
mítica
gigante
voladora.
ser la que baile en círculo
después de prender la hoguera
en la que vas a quemarte
good death, honey.
con fiereza
potestad del fuego que se expande.

II.
he oído a la gente decir que escupo lumbre del hocico
que cierro heridas y construyo nada más de abrir la boca
que vivo bajo el agua sin ahogarme
y conozco de sobra la calma de las víboras
como llama que crece al contacto con aguardiente
no me expando si no es con un estímulo
no ataco sin una detonación.
hay que saber cuándo parar
y me declaro absoluta ignorante
del proceso.
Que me echen agua
como a las perras
a media mordida
en la defensa de sus cachorros.
El líquido sacia mi boca
cuál líquido sino saliva
sino agua estancada del charco que se forma en unos ojos claros al reflejo del sol.
Una boca saciada riega
crecen las plantas
como enredadera sube la palabra.
Una boca saciada riega
como escupitajo de curandera
regresa el espíritu
devuelve el espanto
lo funde en la acera
queda descubierto
se apena y se va.
Fui soy seré
Pero no tengo claridad de qué
Si el fuego
La bebida
O la boca que pronuncia el rezo antes del estallido.
Lo más duro de escupir lumbre del hocico es la ceniza que te ahoga cuando, calmada, intentas pronunciar palabra.