Poesía en voz de sus autoras: Consuelo Nieto Ortega

Consuelo Nieto Ortega (Toluca, Estado de México, 1991). Médico Cirujano egresado de la Universidad Autónoma del Estado de México, actualmente laborando de manera particular y pública dentro de su ramo académico y en capacitación constante.

Escritora y poeta con tres obras publicadas: Por favor muérete ya… y de miel (Grupo Rodrigo Porrúa, 2018), En la piel del elefante (Universidad Autónoma del Estado de México, 2019) y Los rinocerontes se queman (OXEDA/Nueva York Poetry Press, 2021)

Ha colaborado en la antología Diversidad(es): Minificciones alternas siendo esta la primera antología mexicana con temática LGBTTTI. También ha participado dossier “Pasavante” de la revista de literatura Grafógrafxs de la Universidad Autónoma del Estado de México, a su vez, participante de varias publicaciones en medios electrónicos.

Padre símil

Padre que te asemejas a mis rincones oscuros y a mi mal carácter, padre espejo que rompo, escupo y me mira las marcas de su abandono; tú que siempre has caminado con la frente muy alta, señor doctor con la bata muy limpia y la conciencia hecha mierda, si agachas un poco la cabeza se ven tus demonios, entradas, inseguridades y canas, te nos miras mundano tú el altivo número uno de siempre.

Viene como el otoño tu voz grave sin halos de arrepentimiento, padre hoja seca, que piso y cruje y te lleva el viento; padre gato con muchas vidas paralelas que no se mueren, se materializan en hijos, somos el producto de tu andar errante en los contenedores de mujeres que aún creen en tus mentiras, padre que no fuma pero aun así se fue a comprar cigarrillos.

Tú, padre cuerda, que me ato al cuello y tiro con fuerza cada que el gen me delata y algo de aquí hace mímica de ti.

Padre símil, te me vas poniendo viejo y cansado, eres el mismo monstruo pero ahora hueles a naftalina.

Del libro Los rinocerontes se queman (OXEDA/Nueva York Poetry Press, 2021)

Mujer de piel morena

Mujer de piel morena que te cuelgas mis insomnios de aretes y mis ganas en tus caderas,
apareciste tan de repente con un deje tembloroso que espolvorea mis estrellas
mujer de piel morena tan lejos me queda tu costilla y tan ausente tu perfil al alba,
a veces me arranco los ojos, muerdo mi lengua y te necesito lejana
dime las verdades que suponemos si me das la espalda
cuéntame si puedo amarrar tus muñecas a mi cabecera
             besarte las rodillas
                            hacer ríos 
                                         nadarte
                                                        empujar un espejo que haga las veces de cometa.

Y me dices: Es difícil amarte
me lo dices mientras sostienes la sonrisa a horcajadas de mi cansancio eterno,
           es difícil amarme
y te doy la razón mientras tu pecho respira agitado
y me hago de tu piel morena.

Anuncias con la seguridad a quemarropa que entre tus piernas se sabe a tiempos mejores,
que si dejo caer la mano tu monstruo lamerá mis heridas
y te llamarás orgasmo,
que no somos sólo un antojo de carne, salmuera y temores
que ser incendiaria también fabrica tibias madrugadas,
repites que coger también se apellida girasoles frescos,
que cada noche te haces soluble y yo leche,
que se duerme bien con tu piel morena reposando la semana.

Inédito, 2021

TIC TOC

9:04 horas de la mañana de un martes, un martes concurrido, un martes de trabajo, de la mañana.
                                         Obsesivo
                                                       Compulsivo
Si es un ritual la constante del orden medido, el orden, medido, del orden desmedido. ¿Dónde está el botón de apagado/encendido?
                                           Obsesivo
                                                        Compulsivo
Nuestro compás mental que repite la misma canción, la misma de ayer, la misma de hoy, en dos semanas el olvido, repetitivo.

El reloj de muñeca que se traga los minutos con un segundero que se disputa coreico hacia donde habría de proceder, por delante y al revés. Que marca los minutos para el baño, el arreglo, las imperfecciones insultantes frente al espejo, uno a uno el quitar lo bascoso del cuerpo.
                                                                           Obsesivo
                                                                                           Compulsivo
Veo su sonrisa una vez más, dos, tres, no sea que se me vaya a olvidar, que no se olvida, que se me va.

Doblo la servilleta en el cuadro imperfecto, la falta a la realidad, su falda con una línea de más; terrorismo de las industrias poco comprometidas, no encajamos ni en sus esquinas, no encajamos así como mis ganas en sus medidas, no encajan, no hay maldita simetría.

Tomo dos sorbos, una mordida, limpio las comisuras, la hora cada tres segundos exactos, otro sorbo, contando la cantidad de personas que pasan como transeúntes habituales por la vida.

Dos mujeres enfrente, tres jóvenes en la esquina, un señor con barba de tres días, o cuatro. Dos sorbos. Una mordida.
                                                      Obsesivo
                                                                   Compulsivo

Cada cuando, de vez en vez, de vez en cuando, cuando te tapas los ojos y aun así me ves. Cuentas con ahínco mis lunares y yo limpio con alcohol tu tanto estridor. Los mililitros exactos, el miedo aforado en cada café.

Replanteo el orden cósmico y abstracto de la habitación que me guarda cuando dejo de ser el juguete, en los colores de mi poca claridad, en el alfabeto que sesea y me habla hacia atrás, en tamaños de mi amorfa inhumanidad, y camino, camino más, en círculos exactos que me revientan la pi en la cara.

                                          Dando vueltas sobre los talones
                                          Dando vueltas
                                                       No mires atrás
Obsesivo
             Uno
Compulsivo
              Dos
Y no va a regresar
              No va a regresar
                           Cierra con llave
                                       Cierra la puerta de atrás
Un centímetro de ventana
Dos centímetros de paz
              Paz
Obsesivo
Compulsivo
               Dejando tres sorbos de café enfriar.

Del libro En la piel del Elefante (UAEMéx, 2019)