Poesía en voz de sus autores: Gaby Sambuccetti

Gaby Sambuccetti (Buenos Aires, 1986). Licenciada en Escritura Creativa por Brunel University (Reino Unido) y profesora de Literatura (Argentina). Realizó un curso de Inglés Antiguo en la Universidad de Oxford. Fue directora de eventos literarios del grupo Oxford Writers’ House que trabajaba con la Universidad y la comunidad de Oxford. Durante el 2019, fue parte de un debate en el Parlamento Británico sobre escritura y medios digitales. Leyó sus poemas en universidades como la Universidad de Oxford, SOAS, Brunel y Northern Colorado (USA). También fue parte de la antología británica Other Voices: Poems to Celebrate 40 Years of The Cure con su poema “Expats don’t cry”. Otras antologías de las que participó incluyen: Torre Latinoamericana (México, 2021), Wizards, Werewolves and Weird Engines (London, Brunel University, 2018), Poesía Deliberada (Argentina, Textos Intrusos, 2013), Letters on Paper, Bilingual Anthology (Argentina, De los Cuatro Vientos, 2013).

Ha colaborado como escritora interna o externa en diferentes revistas y proyectos editoriales, tales como: La Mascarada (México), El Humo (México), Liberoamerica (España), Editorial Aquitania (Cuba/México), entre otras. Participó de eventos y festivales internacionales recitando sus poemas, impartiendo charlas, talleres y cursos literarios. Es la autora de Al nudo lo que nos quitó, Los vidrios aman quebrarse y The Good, The Bad & The Poet. Fue parte de la antología Liberoamericanas: 80 poetas contemporáneas, publicada por Liberoamérica en España y Latinoamérica. Sus libros, publicaciones y colaboraciones aparecen en distintas revistas literarias de Latinoamérica, Asia, Europa y Estados Unidos (en diferentes idiomas).

Desde finales del 2012, radica en el Reino Unido donde está realizando un máster en King’s College (Londres) en Literatura Latinoamericana; y es la directora y fundadora de la organización La Ninfa Eco con sede central en Oxford.

I

Si fuese un político,
me conformaría con cosas pequeñas.

Pero, no.
Los colgados no hacen política.

Marea demasiado esta cosa:

Izquierda, derecha.
Derecha, izquierda, derecha.

Los colgados tienen que acomodarse bien la soga.

Y si la manteca
está
en el techo,

Los colgados tienen que sacarla.

Si nos portamos bien:
nos dan más soga.

(De la antología Letters on Paper)

Pullum Dei

Soy un pollo.
En un horno.
Sobre el metal caliente. 
Hay una llama. Está esa llama. Que me enciende.
Mi sol es una hornalla.
Mi sol es el gas abierto.
Ese hombre con sombrero es el único que se pregunta cómo estoy.
Me mira tanto que a veces siento que me acosa.
Su tenedor me dejó cuatro puntos.
También me baña en sales.
En sus aceites.
Invitó a toda su gente.
Ellos me miran con los ojos bien abiertos.
Pero yo no soy solo muslos venosos.
Huesos para chupar.
Mi piel se ha vuelto rosa.
Soy un pollo que suda encerrado. 
Pasé del cobijo de mi madre,
entre picotazos de algodón,
a bailar entre patitos que cantaban 
canciones de terror.
Soy un pollo que recibió sus golpes.
Y sus pinchazos.
Nací como pollo.
Moriré como pollo.
A veces siento que no soy un pollo.
A veces siento que los demás se ríen de que no me siento un pollo.
Estaré en esas bocas ajenas.
Seré las risas de esas mesas.
Pero pase lo que pase: 
nunca voy a creer que soy un pavo.
Sé de qué estoy hecho.
Si aún no ves el poema, no viste lo suficiente.
Si aún no entiendes estos versos, ya no leas este poema.
Dejame callar en estas aguas hirviendo.
Dejame desvanecerme entre olas de playas a las que nunca fui.
La realidad es tan vacua como este poema.
La realidad es un pollo.
En un horno.
Con hojas que avivan el fuego.
Sin plumas. 
Con pluma.
Sin alas arrancadas.
Y el espíritu hecho vapor.
En la puerta de algún infierno.

Mi vulnerabilidad

Escribo en una oficina,
mirando a mi jefe con seguridad.
Guardo todos los archivos,
digo, una y otra vez, “Estoy bien, gracias”.

Camino por un pasillo con un tubo de luz amarillento
y de bajo consumo
sobre mi cabeza.

Mañana me van a despedir
o voy a ser bulliada,
o acosada.
 

La frase inspiradora de mi taza dice que hoy fue bueno,
pero mañana va a ser mejor.

Mi jefe no quiere que sea fuerte como él,
pero después de haberme tenido que reconstruir,
una y otra vez,
ya sé que nada es más fuerte que la vulnerabilidad.

Algunas veces,
solo quiero darme un beso
en mi propia frente
antes de quedarme dormida.

«Decepción»

Hubo un tiempo
en el que la amistad 
frenaba las olas, 

mientras el mar
rebalsaba 
las palabras, 

y limpiaba el
barro pegado
de las botas. 

La amistad florecía  
entre caminos de lavanda, 
y especias de loto, 

junto a mariposas 
que se posaban
en las mismas manos que las escribían. 

Pero hoy
la amistad
fue otra cosa:

Una puerta 
que no abre
ni cierra.

Un invadir jardines 
para arrancar jazmines
y sembrarlos
en un
pozo. 

Hoy
las cerraduras
son calles
incendiadas.

El camino 
es solo 
el
camino. 

Las intuiciones 
son 
solo 
un destino. 


el 
único 
unicornio 
es la 
mentira.