Poesía en voz de sus autoras: Helena Barbagelata

Helena Barbagelata
Helena Barbagelata

(1991). Modelo, artista, escritora e investigadora. Doctora en Filosofía por la Universidad de Salamanca/Universidad de Atenas. Miembro de la Society of Jewish Artists (SoJa) y The Organization for the Democratization of the Visual Arts (ODBK). Recibió varios premios de la Fundación Onassis, Universitat Autònoma de Barcelona, Università degli Studi di Trieste, entre otras. Tiene numerosas publicaciones y exposiciones individuales y colectivas en Europa, Israel, Estados Unidos, Australia y Sudamérica.

Dos poemas extraídos de la obra inédita El Agua Letea (2010-)

X

Desaparecen corazones, en la estancia desierta del encinar,
donde el viento fugitivo
se marcha en la grupa de Caronte,
llevando una hojarasca de alondras y de ángeles caídos,
de soplos errantes, lágrimas o goletas, resbalando
desde sus enaguas blancas, orzando lejos
en el espejo de bronce de la tarde,

Nuestra imagen a destiempo, como nubes quebrantadas
por el ábrego que emigra, que nos duerme con sueño vivo,
luz y sombra, de nuestros pasos, de la muerte que
labramos en el plomo impreso, de nuestros ecos
en el aire,

voces que fueron otros días, recuerdos, la
celeste admisión de tierra en tus
entrañas aladas

XIII

Bien nuestra sólo la muerte

Delante de tu mirada y la muerte
no me permite
traspasar el dintel de tu portón,
el fin de la ruta entre el ciprés y el enebro,
tus formas adoradas, tremoladas

por entre cortinas de rocío, la callada
redondez de las cuentas de tus ojos,
un dolor marmóreo talló en ellos
con su escoplo, sangramientos
irrestañables de luz
heridas abiertas al inmenso,
enhebrando
los días, como decenas,
acopiando misterios,
hoy es sábado y los chicos del barrio,
corren a repartir las cenizas de tu
voz arrullo vértigo de pájaros,

derrame cristalino, cantimplora de risas,
la cálida corriente que cantaba tu cuerpo,
vitualla de unos huesos cansados,

y mis manos inconformes, como azadas,
hurtando el agua de la fuente del alba,
remojando tus párpados
escultóricos, llenando lacramatorias
con la sal de tu iris, los remanentes
de ternura que arrebozas en la córnea
maternal de la noche,
hoy es sábado y las manos repasan
la planimetría de tu piel, estela
de sábanas vacías, pan
amasado de silencios

Cuando la muerte se distrae, cojo
el alambre de una brisa, el soplo
clandestino de un deseo, y descerrajo
imposibles, entro puntual
por el entresijo de las vísperas
del Shabat,

me esperas