Poesía cubana. Un poema de Pablo G. Lleonart.

Pablo G. Lleonart (Matanzas, 1995). Licenciado en Periodismo. Miembro de la AHS. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso (2019). Premio Quijote de poesía otorgado por la Universidad de Oriente (2018). Premio del concurso de minicuentos La cola de la serpiente otorgado por la filial de la UNEAC en la provincia de Matanzas (2015) y (2019). Premio Aldabón de poesía (2019), con el poemario Habitantes de Marte. Premio Eliécer Lazo de poesía (2020). Premio Mangle Rojo de Poesía (2020), con el poemario El rumor de un lejano galope de caballos. Tiene publicada la Plaquette con el poema homónimo Premio del Concurso Debate José Jacinto Milanés (2019). Textos suyos aparecen en la antología La ciudad dormida. Jóvenes narradores matanceros y en la revista Matanzas.

Deadball

A

I
Peter Handke el miedo del portero ante el penalti no es muy diferente al miedo del pitcher ante el jonrón/ pero nosotros no somos ni porteros ni pitchers/ nos hemos acostumbrado a pararnos en home con el bate en la mano/ aun sabiendo que nos van a golpear/ y ahí estamos con los pies en la tierra sin movernos/ defender el home (soportar el dolor) se ha convertido en deporte nacional

II
le pregunto a las personas por estos días/ a los que vivieron ya estos días de incertidumbre/ cómo sopesar los golpes que nos van dando a cada hora/ ellos me recomiendan entrenarme con César Vallejo/ que el boxeador peruano, sin ser de aquí, es experto en golpes/ y con él voy puliendo los nudillos frente al saco de yute de sus heraldos negros/ tengo que reconocer usando algo parecido a tus mismas palabras —Billy Collins— lo malo de la poesía es que anima a leer más poesía

III
César Vallejo nació un día en que Dios estuvo enfermo/ y desde entonces Dios no ha mejorado mucho/ yo tuve que nacer —por las historias que me cuentan— un día en que Dios estuvo en terapia intensiva, con suero citostático, ventilación artificial y dos infartos/ toda la electricidad del mundo estuvo el día que nací a disposición de las fibrilaciones que Dios necesitó/ desde entonces la oscuridad es mi estigma/ desde entonces mi madre enciende velitas / y aunque muchos piensen que es para Dios/ yo sé que son para alumbrarme el camino