Poesía cubana. Un poema de Edelmis Anoceto Vega.

Edelmis Anoceto Vega (Santa Clara, 1968). Poeta, narrador, ensayista y traductor literario. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesas por la Universidad de La Habana en 1994. Ha publicado varios libros de poesía, narrativa y ensayo, por los que ha recibido numerosos premios y reconocimientos. Entre sus publicaciones destacan Mortgana (Premio Calendario 2000, Abril 2002), La cólera de Aquiles (Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2004, Editorial Capiro, 2005), La cosecha y el incendio (Premio Manuel Navarro Luna 2005, Ediciones Orto, 2006), Desertor del cielo (Premio Hermanos Loynaz 2007, Ediciones Loynaz, 2008), El sueño eterno (Premio Fundación de la Ciudad de Holguín 2007, Ediciones Holguín 2008), Agujero negro (Editorial Oriente, 2012), Libro de buen dolor (Letras Cubanas, 2013) y Anestesia (Capiro, 2017). Ha traducido y publicado poesía de Emily Dickinson, Percy B. Shelley, Robert Frost, William Carlos Williams, Wallace Stevens, Hart Crane,Allen Ginsberg, Lewis Carroll y ensayos de T.S. Eliot y Ezra Pound.

Imprecación

Será la eternidad y con ella el tedio.
Será el día de hoy, luego sus miedos, soberanías
en la frontera que es el sueño, vigilia que es pasado venido a menos.
Un espacio extinto, un pozo de negación
encarna aquello que esperamos, algo vacío de acontecimientos,
gestos, como el pájaro canoro que se actualiza en el recuerdo
cuando su canto no fue más que una advertencia,
la certeza de que vamos a dormir
sobre un lecho menos nuestro cada vez, dejándonos caer
en esta insuficiencia que es la vida.

Antes habrá que construir un nido donde depositar un poco nuestras ansias,
quizás sea preciso hallar una rama en la que recostarse, o una roca consistente,
de una solidez que nos proteja del viento; cualquier cosa que pueda perpetuarse
y al mismo tiempo reducirse a la ceniza.

El desierto es también una arquitectura.
Todo horizonte es una idea, un más acá y un más allá de la ilusión.
Yo voy bajando. Desciendo a un Hades renovado,
desde allí me saludan con banderas de sangre y dolor,
con cálices de lágrimas me congratulan y me esconden
el relámpago de la libertad.

Antes habrá que fundar, y habrá que develar.
Antes una emisión, por un momento una pausa para la duda
del soplo retenido en el follaje y de la crisálida transitiva
que se deja ganar por la imagen de las alas relucientes,
mas después frágiles, después polvo.
No, no hay que destituir al hacedor de espectros
ni hay que erigir su estatua en la noche,
aunque en el día perezca como todo lo que el día envenena con su luz,
porque todas las crucifixiones han sido diurnas
y todos los suicidios luminosos.
¿Quién juzga? ¿El mismo que es cegado
por una claridad que no comprende, en la que no puede bañarse?
¿Quién percibe enseguida ese misterio
que se tiende a sus pies? ¿El mismo
que negó la transparencia humana de las cosas?

También estuve preso en la Caverna
y contemplé el mal cara a cara,
sostuve en mi mano la esperanza y un tallo aún viviente
como una forma de aférrame a mi propia carne.
Y supe que del mal todo está por escribirse.

Antes habrá que rezar y al mismo tiempo descreer,
puesto que el rojo de la sangre ya no es rojo
una vez que se han encogido los hombros
y se ha cambiado la mirada.
Antes habrá que guardar luto por los vivos
y por nuestra negra sangre.

Vendrá la eternidad y la inquietud,
sombra del desamor que soy, hacia lo anónimo,
mis confines, los soportes del cielo, lo infrahumano.
Es ese rostro en el que no me hallo ni hallo mi tímido corazón, a tientas…
Vendrán los ángeles con sus cruces
hacia el final, hacia el inicio de donde nada parte,
donde nada se puede porque la única potestad se reduce al cuerpo
del hombre dormido.
La fractura del tiempo y de la tierra
no es más que el último residuo del pensamiento, la sonrisa abolida,
porque desde el cielo todo parece un convento
donde no queda más que rezar,
y la verdadera perspectiva se tiene desde el cielo.

El pájaro es antiguo, y su sustancia se desliza benéfica hacia mí.
Su sustancia no puede mostrarse sin angustia. Cese del canto.
Yo voy bajando. Desciendo hacia un Hades renovado.