Poesía en voz de sus autores: Diego Medina Poveda

Diego Medina Poveda (Málaga, España, 1985). Doctor en Estudios Hispánicos por la Universidad Autónoma de Madrid/Université Rennes 2. Actualmente es profesor universitario y codirige la colección Monosabio de poesía y narrativa del Ayuntamiento de Málaga. Tiene en su haber, entre otros, el premio Manuel Alcántara (2018) por el poema «Contrapicado» y el accésit del premio Adonáis (2019) por su libro Todo cuanto es verdad (Ediciones Rialp, 2020), al que le ha sido concedido el Premio de la Crítica de Andalucía (2021). Su web se llama Versodelia

EXILIO1

Yo no vine a bordo del Sinaia. Yo no soy «un niño de Morelia» ni es civil y fratricida la guerra de la que he huido. No, en esa guerra que ahora observo desde el otro lado del mundo pero que siento en el cielo de mi garganta, no hay soldados vestidos de fusiles, no hay cuerpos desgarrándose a sangre fría, no hay un tigre al que mirar con todo el odio. En esa guerra también hay un abismo entre el olivo y el hombre, pero el tigre no es un caudillo, en esa guerra no hay metralla para la trinchera, ni hay trinchera con la que defenderse, en esa guerra no existe la garra que te hiere, la herida aparece con la plaga del progreso, la gente sale a la calle masticando rosas podridas, televisores oxidados, libros de autoayuda, mensajes subliminales, dinero electrónico… sale a la calle con los ojos rojos y hundidos por la mierda que llueve de los pájaros. Yo volé expulsado de repente porque no quise contagiarme, porque quise huir de la lluvia tóxica y de la ciudad llena de zombies. Desde este rincón veo pulular hordas infames de vergüenza y de codicia, gente infectada por el mordisco de la peste. En esa guerra no muere el campesino fusilado, ni el obrero sumerge balas en su estómago de hierro, en esa guerra la muerte llega disfrazada, la muerte es nuestra amiga, nos regala prozac en un bocado, nos va quitando promesas, palabras sencillas, se mete por los oídos, por las fosas nasales, se lleva nuestra casa, mata al perro, le sesga las alas al niño, y mientras, le sonreímos, con una sonrisa flácida, porque es nuestra amiga y viene disfrazada, y así nos morimos, en esa guerra, sin darnos apenas cuenta.

(de He visto la vida más humana, Diego Medina Poveda, 2015)

LA ANGUSTIA

La angustia es un pasillo estrecho
por donde anda la vida,
las palabras
son las hiedras que escalan las paredes,
la hoja que sostiene el aire
con su roce,
una sílaba es una raíz que me taladra
para llegar adentro, para
perforarme los muros de este cuerpo
y respirar la tierra de la carne,
succión de las entrañas y las tripas.
Porque dios permanece más cerca del estómago,
más cerca de este centro visceral del universo
que de un relámpago en lo alto de la historia,
dios se sumerge en mi intestino
como una tenia
y tiene el color de las arterias,
el color de la sangre en excrementos.
Es el hedor sublime de dios
el que despierta el cerebro cuando
la hiedra penetra el ombligo
y se aferra a la carne y trepa
las paredes del cuerpo,
las paredes
del espanto,
cuando los intestinos son lianas
que se alargan hacia el cielo
como los rostros de un lienzo de Bacon
puedes tocar el centro con las manos,
escalar por las simas de la angustia
y mirarle a los ojos a un poema.

(de He visto la vida más humana, Diego Medina Poveda, 2015)


1 Nota del autor: Este poema en prosa fue escrito en México, país al que me marché en busca de trabajo en 2011, huyendo de la crisis económica que había comenzado en España. Allí, desde muchos aspectos, me sentí unido a la historia del exilio español mexicano durante la guerra civil española; de aquel contraste nació este texto.